"Tenemos dos orejas y una boca"
“El ruido de las palabras puede hacer que resulte difícil “oír” lo que la mera conversación del compañerismo puede producir. En la buena conversación los silencios son tan importantes como las palabras que se emplean” (p.184).
“Más bien, es el silencio de la espera paciente, de estar allí mientras se mantiene una atmósfera de confianza abierta y expectante” (p.184).
Hay que tener en cuenta que las personas con las cuales trabajamos, en muchas ocasiones, lo único que necesitan es compañía, sentirse queridos y escuchados; hablar menos nos da la oportunidad de escuchar más, de procesar lo que se nos dice y de responder de manera más empática y reflexiva.
Es decir, que no solo tenemos que oír las palabras de los demás, sino también entender las emociones que se encuentran detrás de todas esas palabras. Además, yo también añadiría a la frase que tenemos dos ojos, es decir, que tenemos que aprender a observar más y hablar menos. Como profesionales de la Educación Social debemos ser grandes observadores.
Van Manen, M. (1991). El tacto en la enseñanza: El significado de la sensibilidad pedagógica. Paidós Educador.

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