Reflexión sobre la banalidad del mal y la crisis de la educación a través del prisma de Hannah Arendt
Esta entrada la he querido relacionar con la filósofa Hannah Arendt. A raíz de visualizar el documental llamado "Banalidad del Mal" y leer el texto de la "Crisis de la educación", he podido llegar a una serie de reflexiones que me han permitido formar una opinión sólida sobre lo trabajado en clase del campo de concentración.
En primer lugar, Arendt plantea que los perpetradores de atrocidades, como los nazis, actúan de manera inhumana no debido a una maldad inherente, sino porque son privados de su capacidad de pensar críticamente. En este sentido, sugiere que las acciones llevadas a cabo bajo coacción no pueden considerarse auténticas, ya que carecen de la libertad necesaria para ser tomadas de manera consciente. Ahora bien, considero que esta privación de pensamiento crítico no absuelve de responsabilidad moral a quienes ejecutan tales acciones, pues implica una complicidad en permitir que el mal se perpetúe.
También, Arendt introduce el concepto de "fuerza social", argumentando que los individuos tienden a seguir normas sociales en lugar de actuar conforme a su propio criterio. Este fenómeno refleja una pérdida de autenticidad y autonomía individual, donde el poder de la sociedad prevalece sobre la capacidad de discernimiento personal.
Asimismo, como el texto tratado en clase trata sobre "formar buenas personas", lo relaciono con la distinción entre "enseñar" y "educar" que es uno de los aspectos centrales en el pensamiento de Arendt. Mientras que enseñar implica la transmisión de conocimientos, educar conlleva un proceso más profundo de acompañamiento y transformación personal. Esta distinción se refleja en la afirmación de Arendt de que la educación debe proporcionar no solo conocimientos, sino también herramientas para comprender y enfrentar la realidad. La autora lo ejemplifica con lo siguiente: "Además, estos recién llegados no están hechos por completo sino en un estado de formación". (Arendt, 2006).
En el contexto de la "Crisis de la educación", Arendt aboga por una concepción de la educación como un proceso continuo de transformación. Esto implica ir más allá de la mera adquisición de conocimientos para cultivar una comprensión más profunda del mundo y de uno mismo. Asimismo, enfatiza la importancia de enseñar a los niños a enfrentarse a la vida real, en lugar de simplemente instruirlos en habilidades prácticas "el objetivo de la escuela ha de ser enseñar a los niños cómo es el mundo y no instruirlos en el arte de vivir". (Arendt, 2006)
En conclusión, considerar la educación como proceso de transformación, cuidado y acompañamiento. Por lo que hace a nuestra profesión, esto se consigue con una relación directa y sincera con las personas a las que atendemos. Y cuando trabajamos en el ámbito de infancia, tratar de cambiar esa mirada que tienen de la figura adulta como aquella que les cohíbe; a hacerles ver que no estamos allí para cambiarlos por completo, sino para acompañarlos en el proceso de su propio aprendizaje.
Arendt, H. (2006). La crisis de la educación. Madrid, España.

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